Sin perder de vista la tradición, el significado y el grado de importancia que para cada cual tengan  las diferentes fiestas costumbristas que circulan  por Navidad, Año Nuevo y Reyes, debemos considerar que muchas veces idealizamos  los clásicos propósitos para el año que comienza tales como inscribirse a un gimnasio, dejar de fumar, seguir una dieta, aprender un idioma o sencillamente ser o estar mejor, quitarse de cosas viejas que contaminan la personalidad o las relaciones; planes, proyectos, propósitos y metas para el nuevo año 2012, que muchas veces acaban perdiéndose.

Todo lo que es nuevo  o joven está dotado de una gran fuerza y energía. Se supone que también el inicio de un año, la primavera, la juventud primera, el primer beso, un amor nuevo, nos llenan de esa gran  motivación para hacer planes que contribuyan para que nuestra vida sea más placentera.

Para que un proyecto llegue a concretarse,  se necesita alguna forma de reflexión que implique una toma de consciencia de sí mismo que sitúe al propio Yo por encima del pensamiento, controlando la mente y no siendo su víctima para  ir directamente a la fuente de energía motivacional que nos llevará a obtener las metas deseadas.

Más autoconsciencia lleva a más claridad en los objetivos,  porque están más ajustados a la realidad de la persona; tener una meta clara es tener el 50% del camino recorrido y  la otra mitad que suma y garantiza el cien por ciento de éxito en el objetivo perseguido,  es concretar el tiempo y el momento apropiado para llevarlo a cabo, tomando las acciones correspondientes.

¿Estamos listos para empezar?

¿Tenemos una meta clara y definida de lo que queremos?

¿Cuánto tiempo y en qué momento?