Curiosamente las personas llegan a separarse por lo mismo que se enamoraron. Todo aquello que no se veía o no tenía importancia al comienzo de un noviazgo, una vez que se pasa mucho tiempo conviviendo con determinados comportamientos, es frecuente que comiencen a molestar y se intente deshacerse de ellos, pero el inconveniente es que no se pueden eliminar los defectos sin incluir a la persona en esa eliminación

La clave está en aceptar a la persona tal como es desde el día en que la conocemos, siempre y cuando  no tenga una postura falsa y lo que intente hacer sea engañar para ser aceptada. Debemos aceptar todo aquello que es propio del ser humano, no sus posturas falsas con respecto a su personalidad. La persona que elegimos para compartir la vida no tiene por qué ser igual a nosotros ya que todos crecimos en diferentes familias, con diversas costumbres y hasta con diferentes creencias, todos estos aspectos hay que respetarlos ya que no significa que sean incorrectos o defectuosos, sino que sencillamente son diferentes de nuestros hábitos.

El querer cambiar a alguien solamente nos llevará a tener problemas. Sería mejor mirar con cariño aquellas costumbres o actitudes que no nos gustan del otro para que nos afecte menos y tratar de integrarlas a la vida cotidiana para que dejen de hacernos sentir incómodos. Hay que hacer el esfuerzo y aprender a convivir con los defectos y virtudes del otro (siempre y cuando no nos lastime) pues de  eso se trata, de vivir como individuos socialmente adaptados. Siempre hay que entender que así como a nosotros nos alteran ciertos aspectos de una persona, también podemos ser los causantes de contestaciones o hábitos que no encajan con las ideas de esa otra persona.

Una de las claves para aceptar al otro sin que esto signifique un esfuerzo, es respetar las individualidades. La unión amalgamada puede llegar a ser asfixiante. Cada uno debe tener la capacidad de respetar  la privacidad aunque se viva en pareja. El pasar mucho  tiempo juntos  hace no solamente que la pareja se aburra de la rutina,  sino que también comience a desarrollar una baja tolerancia a la personalidad del otro. Si una situación en particular molesta mucho, hay que ver qué cuestión personal refleja ese acontecimiento y enfrentarlo cuanto antes sin atacar al otro.

Mucho de lo que nos molesta del otro tiene un poco de actitud propia que no queremos aceptar en nosotros y que nos resulta más fácil señalarla en forma inadecuada. Se requiere de una buena capacidad razonada para determinar qué es realmente lo que nos está sucediendo mediante un comportamiento preciso que nos hace sentir vulnerables, confundidos o incómodos. Modificar al otro es imposible. Hay comportamientos que podrán suavizarse y negociarse, pero es más fácil convivir armónicamente con las diferencias habituales que pueden existir entre individuos y no invertir un tiempo en querer modificar a una persona ya que lo único que conseguiremos será alejarla y desgastarnos.

Los  mismos conceptos de respeto,  podemos aplicarlos en las relaciones cercanas de amistad y parentesco, guardando la suficiente distancia entre este tipo de relaciones y las de pareja, por ser éstas muy cercanas e intimas.